UNA NUEVA PRIMAVERA ESPIRITUAL


«Si se promueve la lectio divina con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia… La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón… No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino»

Benedicto XVI, 16 septiembre 2005

HISTORIA Y PASOS DE LA LECTIO DIVINA

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INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO





jueves, 25 de diciembre de 2014

miércoles, 24 de diciembre de 2014

El método de la Lectio Divina y sus 10 pasos metodológicos.



 

  EL MÉTODO DE LA LECTIO DIVINA Y SUS 10 PASOS METODOLÓGICOS




La Lectio Divina
La lectio divina indica actualmente una forma tradicional de leer y meditar en la Palabra de Dios. La expresión lectio divina o lectio sacra no significa directamente una lectura cualquiera o un estudio de la Biblia con finalidades científicas, literarias, exegéticas o hermenéuticas, ni tampoco una forma de meditación tradicional, sino más bien una atención particular a la palabra revelada y a aquel que nos habla en ella, el mismo Dios. Su cualificación de «divina" indica que la lectio tiene como objeto la Palabra de Dios y que se hace en la presencia del Dios vivo, bajo la acción de su gracia. Supone una relación con el Padre que nos habla en su Verbo y con el Espíritu que es el maestro y el éxegeta de la Escritura, en comunión con toda la Iglesia.

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jueves, 18 de septiembre de 2014

Lectio Divina: Viernes, 19 Septiembre, 2014: Evangelio según San Lucas 8,1-3. : (24ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)

Lectio Divina: 
 
Viernes, 19 Septiembre, 2014 
(24ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)

 
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 8,1-3
Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
Palabra del Señor
 
3) Reflexión
• El evangelio de hoy continúa el episodio de ayer, que hablaba de la actitud sorprendente de Jesús para con las mujeres, cuando defendió a una mujer, conocida en la ciudad como pecadora, contra las críticas de un fariseo. Ahora, en el comienzo del capítulo VIII, Lucas describe como Jesús iba por los poblados y por las ciudades de Galilea, y la novedad es que iba acompañado no sólo por los discípulos, sino que también por las discípulas.
• Lucas 8,1: Los doce que siguen a Jesús. En una única frase Lucas describe la situación: Jesús anda por todas partes, por los poblados y ciudades de Galilea, anunciando la Buena Nueva de Dios y los doce están con él. La expresión “seguir a Jesús” (cf. Mc 1,18; 15,41) indica la condición del discípulo que sigue al Maestro, veinte y cuatro horas por día, procurando imitar su ejemplo y participar de su destino.
• Lucas 8,2-3: Las mujeres siguen a Jesús. Lo sorprendente es que, al lado de los hombres, hay también mujeres “junto a Jesús”. Lucas coloca a los discípulos y a las discípulas en pie de igualdad, pues ambos siguen a Jesús. Lucas también conservó los nombres de algunas de estas discípulas: María Magdalena, nacida en la ciudad de Mágdala. Había sido curada de siete demonios. Juana, mujer de Cuza, procurador de Herodes Antipas, que era gobernador de Galilea. Susana y varias otras. De ellas se afirma que “sirven a Jesús con sus bienes”. Jesús permitía que un grupo de mujeres le “siguiera” (Lc 8,2-3; 23,49; Mc 15,41). El evangelio de Marcos, hablando de las mujeres en el momento de la muerte de Jesús, informa: “Unas mujeres miraban de lejos. Entre ellas, María Magdalena, María, madre de Santiago, el menor, y de José, y Salomé. Ellas habían seguido y servido a Jesús, desde cuando él estaba en Galilea. Junto con ellas había otras más, que habían subido con Jesús a Jerusalén” (Mc 15,40-41). Marcos define su actitud con tres palabras: seguir, servir, subir hasta Jerusalén. Los primeros cristianos no llegaron a elaborar una lista de estas discípulas que seguían a Jesús como hicieron los doce discípulos. Pero en las páginas del evangelio de Lucas aparecen los nombres de siete discípulas: Maria Magdalena, Juana, mujer de Cuza, Susana (Lc 8,3), Marta y Maria (Lc 10,38), María, madre de Santiago (Lc 24,10) y Ana, la profetisa (Lc 2,36), de ochenta y cuatro de edad. El número de ochenta y cuatro es doce veces siete. ¡La edad perfecta! La tradición eclesiástica posterior no valoró este dado del discipulado de las mujeres con el mismo peso con que valoró el seguimiento de Jesús por parte de los hombres. ¡Es una lástima!
• El Evangelio de Lucas fue considerado siempre el evangelio de las mujeres. De hecho, Lucas es lo que trae el mayor número de episodios en que se destaca la relación de Jesús con las mujeres. Y la novedad no está sólo en la presencia de las mujeres alrededor de Jesús, pero también y sobre todo en la actitud de de Jesús con relación de Jesús con las mujeres. Jesús las toca y se deja tocar por las mujeres, sin miedo a contaminarse (Lc 7,39; 8,44-45.54). A diferencia de los maestros de la época, Jesús acepta a las mujeres como seguidoras y discípulas (Lc 8,2-3; 10,39). La fuerza libertadora de Dios, actuante en Jesús, hace que la mujer se levante y asuma su dignidad (Lc 13,13). Jesús es sensible al sufrimiento de la viuda y se solidariza con su dolor (Lc 7,13). El trabajo de la mujer preparando alimento está considerado por Jesús como señal del Reino (Lc 13,20-21). La viuda persistente que lucha por sus derechos es colocada como modelo de oración (Lc 18,1-8), y la viuda pobre que comparte sus pocos bienes con los demás como modelo de entrega y de don (Lc 21,1-4). En una época en que el testimonio de las mujeres no era considerado como válido, Jesús acoge a las mujeres como testigos de su muerte (Lc 23,49), sepultura (Lc 23,55-56) y resurrección (Lc 24,1-11.22-24)
 
4) Para la reflexión personal
• En su comunidad, en su país, en su Iglesia, ¿cómo se le valora a la mujer?
• Compare la actitud de nuestra Iglesia con la actitud de Jesús.
 
5) Oración final
Sondéame, oh Dios, conoce mi corazón,
examíname, conoce mis desvelos.
Que mi camino no acabe mal,
guíame por el camino eterno. (Sal 139,23-24)

Homilía de Papa Francisco en la Capilla de Casa de Santa Marta del Jueves 18 de Septiembre 2014: El coraje de reconocerse pecadores abre a la caricia de Jesús y a su perdón

(RV).- (Con audio) RealAudioMP3 El coraje de reconocerse pecadores abre a la caricia de Jesús y a su perdón, dijo el Papa en su homilía de la misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. 
La liturgia del día presenta el Evangelio de la pecadora que lava los pies de Jesús con sus lágrimas y los rocía con perfume, secándolos sus cabellos. Jesús es invitado a casa de un fariseo, “una persona de cierto nivel, de cultura” – afirmó el Papa – que “quería escuchar a Jesús”, su doctrina, quería saber más. Y juzga dentro suyo tanto a la pecadora como a Jesús porque “si fuera un profeta sabría quién es y de qué clase es la mujer que lo toca”. “Non era malo”, pero “no logra entender aquel gesto de la mujer”: 
“No logra comprender los gestos elementales: los gestos elementales de la gente. Quizá este hombre había olvidado cómo se acaricia a un niño, como se consuela a una abuela. En sus teorías, en sus pensamientos, en su vida de gobierno – porque tal vez era un consejero de los fariseos – había olvidado los gestos elementales de la vida, los primeros gestos que todos nosotros, recién nacidos, hemos comenzado a recibir de nuestros padres”. Jesús – subrayó Francisco – reprocha al fariseo “con humildad y ternura”: “Su paciencia, su amor, las ganas de salvar a todos” lo lleva a explicarle lo que ha hecho la mujer y qué gestos de cortesía no ha tenido él. Y entre las murmuraciones escandalizadas de todos, dice a la mujer: “¡Tus pecados son perdonados!”. “Vete en paz, ¡tu fe te ha salvado!”: 
“La palabra salvación– ‘Tu fe te ha salvado’ – la dice sólo a la mujer, que es una pecadora. Y lo dice porque ella ha logrado llorar sus pecados, confesar sus pecados, decir: ‘Yo soy una pecadora’, a decírselo a sí misma. No lo dice a aquella gente, que no era mala: ellos no se creían pecadores. Pecadores eran los demás: los publicanos, las prostitutas… Esos eran pecadores. Jesús dice esta palabra – ‘Tú estás salvado, tú estás salvada, te has salvado’– sólo a quien sabe abrir el corazón y reconocerse pecador. La salvación sólo entra en el corazón y cuando nosotros abrimos el corazón en la verdad de nuestros pecados”. “El lugar privilegiado del encuentro con Jesucristo – recordó el Papa – son los propios pecados”. Esto parece una “herejía – observó Francisco – pero también lo decía San Pablo” que se vanagloriaba sólo de dos cosas: de sus pecados y de Cristo Resucitado que lo ha salvado: 
“Y por reconocer nuestros propios pecados, reconocer nuestra miseria, reconocer lo que nosotros somos y lo que somos capaces de hacer o hemos hecho es, precisamente la puerta que se abre a la caricia de Jesús, al perdón de Jesús, a la Palabra de Jesús ‘¡Vete en paz, tu fe te salva!’, porque has sido valeroso, has sido valerosa al abrir tu corazón a Aquel que sólo puede salvarte”. Jesús dice a los hipócritas: “Las prostitutas y los publicanos los precederán en el Reino de los Cielos”. “¡Es fuerte esto!” – concluyó diciendo el Papa Francisco – porque cuantos se sienten pecadores “abren su corazón en la confesión de los pecados, al encuentro con Jesús, que ha dado su sangre por todos nosotros”. 

(María Fernanda Bernasconi – RV).

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Lectio Divina: Domingo, 21 de Septiembre, 2014: Evangelio según San Mateo 20,1-16. : (Domingo de la 25ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)

Lectio Divina: 
 
Domingo, 21 Septiembre, 2014 
Parábola de los obreros enviados a la viña
La gratuidad absoluta del amor de Dios


1. ORACIÓN INICIAL

¡Oh, Padre! Tu Hijo Jesús, que tú nos has dado, es nuestro reino, nuestra riqueza, nuestro cielo; Él es el dueño de la casa y de la tierra donde vivimos y sale continuamente a buscarnos, porque desea llamarnos, pronunciar nuestro nombre, ofrecernos su amor infinito. No podremos nunca pagarle, ni devolver la sobreabundancia de su compasión y misericordia por nosotros: podemos sólo decirle nuestro sí, el nuestro: “Aquí estoy” o repetirle con Isaías: “¡Señor, aquí estoy, envíame!” Haz que esta palabra entre en mi corazón, en mis ojos, en mis oídos y me cambie, me transforme, según este amor sorprendente, incomprensible que Jesús me está ofreciendo, también hoy, en este momento. Condúceme al último puesto, al mío, al que Él ha preparado para mí allá donde yo puedo ser verdaderamente yo mismo. Amén.

2. LECTURA

a) Para colocar el pasaje en su contexto:
Este pasaje nos coloca dentro de la sección del Evangelio de Mateo, que precede directamente a los relatos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Esta sección comienza en 19,1, donde se dice que Jesús abandona definitivamente el territorio de la Galilea para ir a Judea, dando así comienzo a su camino de acercamiento a Jerusalén y se concluye en 25,46, con el cuadro sobre la venida y el juicio del Hijo de Dios. Más en particular, el capítulo 20 se coloca a lo largo del recorrido de Jesús hacia la ciudad santa y su templo, en un contexto de enseñanzas y de polémica con los sabios y potentes del tiempo, que Él realiza con parábolas y encuentros.
b) Para ayudar a la lectura del pasaje:
20,1ª: Con las primeras palabras de la parábola, que es una especie de introducción, Jesús quiere acompañarnos al interior del tema más profundo del que intenta hablar, quiere abrir ante nosotros las puertas del reino, que es Él mismo y se presenta como dueño de la viña que necesita ser trabajada.
20,1b-7: Estos versículos constituyen la primera parte de la parábola; en ella Jesús narra la iniciativa del dueño de la viña para reclutar sus trabajadores, describiendo sus cuatro salidas, en las cuáles se ajusta con los trabajadores estableciendo un contrato y la última salida, ya al final de la jornada.
20,8-15: Esta segunda parte comprende, por el contrario, la descripción de la paga a los trabajadores, con la protesta de los primeros y la respuesta del dueño.
20,16: Finalmente viene la sentencia definitiva, que revela la clave del pasaje y la aplicación: aquéllos que en la comunidad son considerados últimos, en la perspectiva del reino y del juicio de Dios , serán los primeros.
Mateo 20, 1-16c) El Texto:
Evangelio según San Mateo 20,1-16. :
20, 1a: 1 «En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario .....
20, 1b-7: ..... que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. 2 Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. 3 Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, 4 les dijo: `Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.' 5 Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. 6 Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: `¿Por qué estáis aquí todo el día parados?' 7 Dícenle: `Es que nadie nos ha contratado.' Díseles: `Id también vosotros a la viña.'
20, 8-15: 8 Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.' 9Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. 10 Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno.11 Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, 12 diciendo: `Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.' 13 Pero él contestó a uno de ellos: `Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? 14 Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.15 ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?'.
20, 16: 16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»
Palabra del Señor

3. UN MOMENTO DE SILENCIO ORANTE

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.
   Continúa

4. ALGUNAS PREGUNTAS

para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) Este pasaje se abre con una partícula conectiva, “en efecto” que es muy importante, porque me remite al versículo que precede (Mt 19,30), donde Jesús afirma que “los primeros serán los últimos y los últimos los primeros” con las mismas palabras que repetirá al final de esta parábola. Palabras, por tanto, importantísimas, fundamentales, que quieren indicarme la dirección que hay que tomar. Jesús es el Reino de Dios, el reino de los cielos; Él es el mundo nuevo, al cuál estoy invitado a entrar. Pero el suyo es un mundo al revés, donde nuestra lógica de poder, ganancia, recompensa, habilidad, esfuerzo, no vale y se substituye por otra lógica, la de la gratuidad absoluta, del amor misericordioso y sobreabundante, Si yo creo ser el primero, ser fuerte y capaz; si ya me he colocado en el primer puesto en la mesa del Señor, es mejor que me levante ya y me vaya a ocupar el último puesto. Allí el Señor vendrá a buscarme, y llamándome, me levantará, me colocará en alto hacia Él.
b) Jesús se compara aquí a un dueño de casa, usando una figura particular, que aparece muchas veces en el evangelio. Intento seguirla, atento a las características que ella presenta y tratando de verificar cuál es mi relación con Él. El dueño de casa es el amo de la viña, que se cuida de ella, rodeándola con un muro, excavando un foso, cultivándola con amor y sudor (Mt 21,33ss), para que pueda dar sus mejores frutos. Es el dueño de casa que ofrece una gran cena, con muchos invitados, llamando a su mesa a los más abandonados, los cojos, los ciegos (Lc 14,21ss). Es el que vuelve de las bodas y al que debemos esperar vigilando, porque no sabemos ni el día ni la hora (Lc 12,36); es el dueño de casa que ha salido para un largo viaje, que ha mandado vigilar, para estar preparados para abrirle, en cuanto regrese y toque a la puerta a la tarde, a medianoche, al canto del gallo o de madrugada (Mc 13,35). Comprendo, pues, que el Señor está esperando de mí, el fruto bueno; que me ha elegido como invitado a su mesa; que volverá y vendrá a buscarme y llamará a mi puerta...¿Estoy preparado para responderle? ¿Para abrirle? ¿Para ofrecerle el fruto del amor que Él espera de mí? O por el contrario ¿estoy durmiendo, preocupado con otros miles intereses, esclavizado por otros dueños de casa, diversos y lejanos de Él?
c) El Señor Jesús, dueño de la casa y de la viña, sale repetidamente para llamarme y enviar: al alba, a las nueve, a mediodía, a las tres de la tarde, a las cinco, cuando ya la jornada está por finalizar. Él no se cansa; viene a buscarme, para ofrecerme su amor, su presencia, para estrechar un pacto conmigo. Él desea ofrecerme su viña, su belleza. Cuando nos encontremos, cuando Él fijándose en mí, me ame (Mc 10,21) ¿qué le responderé? ¿Me entristeceré porque tengo muchos bienes? (Lc 18,23) ¿Le pediré que me dé por excusado, porque yo ya tengo otros compromisos? (Lc 14,18) ¿Huiré corriendo desnudo, perdiendo lo poco de felicidad que me ha quedado para cubrirme? (Mc 14,52) O, más bien, le diré: “Sí, sí” y luego no iré (Mt 21,29). Siento que esta palabra me pone en situación difícil, me escruta hasta el fondo, me revela a mí mismo... quedo atónito, asustado por mi libertad, pero decido, delante del Señor que me habla, hacer como María y decir: “Señor, hágase en mí como tú has dicho” con humilde disponibilidad y abandono.
d) Ahora el evangelio me coloca de frente a mi relación con los otros, los hermanos y hermanas que comparten conmigo el camino del seguimiento a Jesús. Todos estamos llamados a estar con Él, a la tarde, después del trabajo de cada día: Él abre su tesoro de amor y comienza a distribuir, a repartir gracia, misericordia, compasión, amistad, todo Él mismo. Mateo hace notar en este punto, que alguno murmura contra el dueño de la viña, contra el Señor. Nace la indignación, porque Él trata a todos igualmente, con la misma intensidad de amor, con la misma sobreabundancia. Quizás está escrito también de mí estas líneas: el evangelio sabe poner un nudo a mi corazón, la parte más escondida de mi mismo. Quizás el Señor dirige precisamente a mí aquellas palabras cargadas de tristeza: “¿Acaso tú también eres envidioso?.” Me debo dejar interrogar, debo permitir que Él entre dentro de mí y me mire con sus ojos penetrantes, porque sólo si Él me mira, podré ser curado. Ahora rezo así: “Señor, te ruego, ven a mí, echa tu palabra en mi corazón y germine nueva vida, vida de amor”.

5. UNA CLAVE DE LECTURA

En la figura de la viña, aparentemente sencilla y cotidiana, la Escritura condensa una realidad, mucha más rica y profunda, siempre más densa de significado, a medida que los textos se acercan a la revelación plena en Jesús. En el primer libro de los Reyes, en el cap. 21, se narra el hecho violento que envuelve a Nabot, un simple súbdito del corrupto rey Acab, el cuál poseía una viña, plantada, para su desdicha, precisamente junto al palacio del rey. La narración nos hace comprender cuánto fuera importante la viña, una propiedad inviolable: por nada del mundo Nabot la hubiera cedido, como dijo: “¡Me guarde el Señor de cederte la heredad de mis padres!” (1 Re 21,3). Por amor a ella, él perdió la vida. Como se ve, la viña representa el bien más precioso, la heredad de la familia, por cierta parte, la identidad de la persona; no se la puede malvender, ceder a los otros, cambiarlo por otros bienes, que no consiguen igualarla. Ella esconde una fuerza vital, espiritual.
Isaías 5 dice claramente que bajo la figura de la viña se significa al pueblo de Israel, como está escrito: “La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel: los habitantes de Juda su plantación favorita” (Is 5,7). Este pueblo el Señor lo ha amado con amor infinito y eterno, sellado por una alianza inviolable; Él la cuida, igualmente como si lo hiciera un viñador con su viña, haciendo de todo para que ella pueda dar sus frutos más bellos. Israel somos cada uno de nosotros, toda la Iglesia: el Padre nos ha encontrado como tierra abandonada, reseca, devastada, rellena de piedras y nos ha cultivado, regado a cada instante; nos ha plantado como viña escogida, toda de cepas genuinas (Jer 2,21). ¿Qué más pudo hacer por nosotros, que no lo haya hecho? (Is 5,4) En su anonadamiento infinito Él mismo se ha hecho viña; se ha convertido en la verdadera vid (Jn 15,1ss), de la que nosotros somos los sarmientos: se ha unido a nosotros como la viña está unida a sus sarmientos. El Padre que es el viñador, continúa su obra de amor con nosotros, para que llevemos frutos y pacientemente espera; Él poda, cultiva, pero luego nos envía a trabajar a recoger los frutos para ofrecérselos. Somos enviados a su pueblo, a sus hijos: no nos podemos echar para atrás, porque estamos hechos para esto: para que vayamos y llevemos fruto y nuestro fruto permanezca (Jn 15,16). Señor, vuélvete: mira desde el cielo y ve y visita tu viña (Salmo 79,15).
La promesa: un denario
El dueño de la viña establece como recompensa del trabajo de la jornada un denario; una buena suma, que permitía vivir desahogadamente. Más o menos corresponde al dracma pactado del viejo Tobías con el acompañante del hijo hacia la Media (Tb 5,15).
Pero en el relato evangélico este denario viene llamado enseguida con otro nombre por el dueño; dice de hecho: “os daré lo que es justo” (v.4). Nuestra herencia, nuestro salario es el justo, el bueno: el Señor Jesús. Él, en efecto, no da, no promete otra cosa que a sí mismo. Nuestra recompensa está en los cielos (Mt 5,12), junto a nuestro Padre (Mt 6,1). No es el denario que se utilizaba para pagar el tributo a los romanos, sobre el que estaba la imagen y la inscripción del rey Tiberio César (Mt 22,20), sino que es el rostro de Jesús, su nombre, su presencia. Él nos dice: “Yo estaré con vosotros no sólo hoy, sino todos los días hasta el fin del mundo; Yo mismo seré tu recompensa”.
El texto ofrece a nuestra vida una energía muy fuerte, que sale de los verbos “enviar”, mandar” y “andar” repetido dos veces; todos se refieren a nosotros, nos llaman, nos ponen en movimiento. Es el Señor Jesús el que envía, haciendo de nosotros apóstoles: “He aquí que yo os envío” (Mt 10,16). Cada día Él nos llama para su misión y repite sobre nosotros aquello de “¡Andad!” y nuestra felicidad precisamente está escondida aquí, en la realización de estas palabras suyas. Andar donde Él nos manda, en el modo que Él lo indica, hacia la realidad y las personas que Él nos pone delante.
La murmuración y el refunfuño
Palabras importantísimas, verdaderas y muy presentes en nuestra vida de cada día; no podemos negarlo: habitan en nuestro corazón, en nuestros pensamientos y a veces nos atormentan, nos desfiguran, nos cansan profundamente, nos alejan de nosotros mismos, de los otros, del Señor. Sí, en medio de aquellos trabajadores que se lamentan y refunfuñan, murmurando contra el dueño, también estamos nosotros. El rumor de la murmuración viene de muy lejos, pero de todos modos, consigue anidarse en el corazón. Israel en el desierto ha murmurado duramente contra el Señor y nosotros hemos recibido en herencia aquellos pensamientos y palabras: “El Señor nos odia, por esto nos ha hecho salir del país de Egipto para ponernos en manos del Amorreo y para destruirnos” (Dt 1,27) y dudamos de su capacidad de alimentarnos, de llevarnos hacia delante, de protegernos. “¿Quizás puede el Señor prepararnos una mesa en el desierto? (Salmo 77,19) Murmurar significa no escuchar la voz del Señor, no creer más en su amor por nosotros. Entonces nos escandalizamos, nos irritamos fuertemente contra el Señor misericordioso y nos indignamos contra su manera de obrar y queremos cambiarlo, recomponerlo según nuestros esquemas: ¡Se ha alojado en casa de un pecador! ¡Come y bebe con pecadores! (Lc 5,30; 15,2; 19, 7). Si escuchamos bien, éstas son las murmuraciones secretas de nuestro corazón. ¿Cómo curarlas? San Pedro sugiere este vía: “Practicad la hospitalidad los unos con los otros, sin murmurar” (1 Pet 4,9); sólo la hospitalidad, o sea, la acogida puede, poco a poco, cambiar nuestro corazón y hacerlo receptivo, capaz de llevar dentro de sí a las personas, situaciones, realidades que encontramos en nuestra vida. “Acogeos” dice la Escritura. Así es: debemos aprender a acoger ante todo a Jesús, como Él es, con su modo de amar, de permanecer, de hablarnos y cambiarnos, de esperarnos y atraernos. Acogerlo es acoger al que está al lado, al que nos viene al encuentro, sólo este movimiento puede romper la dureza de la murmuración.
La murmuración nace de la envidia, de nuestro ojo malo, como dice el dueño de la viña, el mismo Jesús. Él sabe mirarnos dentro, sabe penetrar nuestra mirada y llegar al corazón, al alma. Él sabe como somos, nos conoce, nos ama y por el amor por el que Él saca de nosotros todo mal, quita el velo de nuestro ojo malo, nos ayuda a tomar conciencia de cómo somos, de lo que vive dentro. En el momento en el que dice: “¿Acaso tu ojo es malo?”, como está haciendo hoy, en este evangelio, Él nos cura, toma el ungüento y lo unta, toma el fango hecho con su saliva y unge nuestros ojos hasta lo íntimo.
Señor, te ruego: haz que yo vea: Con ojos buenos, sin envidia, con la acogida, sin murmurar.

6. UN MOMENTO DE ORACIÓN: SALMO 136

Rit. ¡Infinito es tu amor por nosotros!
¡Aleluya!¡Dad gracias a Yahvé, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Dad gracias al Dios de los dioses,
porque es eterno su amor;
dad gracias al Señor de los señores,
porque es eterno su amor.
Al único que ha hecho maravillas,
porque es eterno su amor.
Al que hirió en sus primogénitos a Egipto,
porque es eterno su amor;
y sacó a Israel de entre ellos,
porque es eterno su amor;
con mano fuerte y tenso brazo,
porque es eterno su amor.
Al que partió en dos el mar de los Juncos,
porque es eterno su amor;
e hizo pasar por medio a Israel,
porque es eterno su amor;
y hundió en él al faraón con sus huestes,
porque es eterno su amor.
Al que guió a su pueblo en el desierto,
porque es eterno su amor.
Al que se acordó de nosotros humillados,
porque es eterno su amor;
y nos libró de nuestros adversarios,
porque es eterno su amor.
Al que da pan a todo viviente,
porque es eterno su amor.
¡Dad gracias al Dios de los cielos,
porque es eterno su amor!

7. ORACIÓN FINAL

Gracias, Señor, por haberme revelado tu Hijo, y haberme hecho entrar en su heredad, en su viña. Tú me has hecho sarmiento, me has hecho uva: sólo me queda permanecer, permanecer en ti y dejarme prender, como fruto bueno, maduro, para ser puesto en la prensa. Si, Señor, lo sé: éste es el camino. No tengo miedo porque tú estás conmigo. Yo sé que el único camino de la felicidad es el darme a ti. A los hermanos. Que yo sea sarmiento, que yo sea uva buena, para ser exprimida, como tú quieras. Amén.

Lectio Divina: Jueves,18 Septiembre, 2014: Evangelio según San Lucas 7,36-50. : (24ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)


Lectio Divina: 
  Jueves, 18 Septiembre, 2014 
(24ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 7,36-50
Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.»Él le dijo: «Has juzgado bien.» Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»
Palabra del Señor
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos habla del episodio de la mujer que fue acogida por Jesús durante una comida en casa de Simón, el fariseo. Uno de los aspectos de la novedad que la Buena Nueva de Dios trae es la actitud sorprendente de Jesús hacia las mujeres. En la época del Nuevo Testamento, la mujer vivía marginada. No participaba en la sinagoga, no podéis ser testigo en la vida pública. Muchas mujeres, sin embargo, se resistían contra esa exclusión. Desde el tiempo de Esdras, crecía la marginalización de las mujeres por parte de las autoridades religiosas (Es 9,1 a 10,44) y crecía también la resistencia de las mujeres contra su exclusión, como aparece en las historias de Judit, Ester, Ruth, Noemí, Susana, de la Zalamita y de tantas otras. Esta resistencia encuentra eco y acogida en Jesús. En el episodio de la mujer del perfume emergen el incorfomismo y la resistencia de las mujeres en el día a día de la vida y de la acogida que Jesús les daba.
• Lucas 7,36-38: La situación que provoca el debate. Tres personas totalmente diferentes se encuentran: Jesús, Simón, el fariseo, un judío practicante, y la mujer de la que decían que era pecadora. Jesús está en casa de Simón que lo invitó a comer. La mujer entra, se coloca a los pies de Jesús, empieza a llorar, moja los pies de Jesús con las lágrimas, suelta los cabellos para secar los pies de Jesús, besa y unge los pies con perfume. Soltar los cabellos en público era un gesto de independencia. Jesús no se retrae, ni aleja a la mujer, sino que acoge su gesto.
• Lucas 7,39-40: La reacción del fariseo y la respuesta de Jesús. Jesús estaba acogiendo a una persona que, según las costumbres de la época, no podía ser acogida, pues era pecadora. El fariseo, observando todo, critica a Jesús y condena a la mujer: "Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.” Jesús le respondió: Simón, tengo algo que decirte. Jesús usa una parábola para responder a la provocación del fariseo.
• Lucas 7,41-43: La parábola de los dos servidores. Uno debía 500 denarios, el otro 50. Ninguno de los dos tenía con qué pagar. Ambos fueron perdonados. ¿Quién de ellos le amará más? Respuesta del fariseo: "¡Supongo que aquel al que perdona más!". La parábola supone que los dos, tanto el fariseo como la mujer, habían recibido algún favor de Jesús. En la actitud que los dos toman ante Jesús, muestran como apreciaban el favor recibido. El fariseo muestra su amor, su gratitud, invitando a Jesús a que coma con él. La mujer muestra su amor, su gratitud, mediante las lágrimas, los besos y el perfume.
• Lucas 7,44-47: El mensaje de Jesús al fariseo. Después de recibir la respuesta del fariseo, Jesús aplica la parábola. Y estando en la casa del fariseo, invitado por él, Jesús no pierde ocasión para tomarse la libertad de hablar y actuar. Defiende a la mujer, y critica al judío practicante. El mensaje de Jesús para los fariseos de todos los tiempos es: "¡A quien poco se le perdona, poco amor muestra!" Un fariseo piensa que no tiene pecado, porque observa en todo la ley. La seguridad personal que yo, fariseo, creo en mí por la observancia de las leyes de Dios y de la Iglesia, muchas veces me impide experimentar la gratuidad del amor de Dios. Lo que importa no es la observancia de la ley en sí, sino el amor con que observo la ley. Y usando los símbolos del amor de la mujer, Jesús da respuesta al fariseo que se consideraba en paz con Dios:" Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. ¡Ella ha ungido mis pies con perfume!” Simón a pesar de todo lo que me ofreciste, ¡tú tienes poco amor!"
• Lucas 7,48-50: Palabra de Jesús para la mujer. Jesús declara la mujer perdonada y añade: "Tu fe te ha salvado. ¡Vete en paz!" Aquí aflora la novedad de la actitud de Jesús. El no condena, sino acoge. Y fue la fe lo que ayudó a la mujer a recomponerse y a encontrarse consigo misma y con Dios. En la relación con Jesús, una fuerza nueva despertó dentro de ella y la hizo renacer.
4) Para la relación personal
• ¿Dónde y cuándo las mujeres son despreciada por los fariseos de hoy?
• La mujer, ciertamente, no hubiera hecho lo que hizo, si no hubiese tenido la certeza absoluta de ser acogida por Jesús. Los marginados y los pecadores ¿tienen hoy la misma certeza respecto de nosotros?
5) Oración final
Pues bueno es Yahvé
y eterno su amor,
su lealtad perdura
de edad en edad. (Sal 100,5)

Audiencia general de Papa Francisco - Miércoles 17 de Septiembre 2014: "La Iglesia católica y apostólica"

(RV).- (Con audio) RealAudioMP3 El Obispo de Roma en la catequesis del 17 de setiembre de 2014, en la plaza del Santuario de san Pedro, ante miles de fieles y peregrinos dijo que la Iglesia “Es católica porque es universal: tiene la misión de anunciar la Buena Noticia del amor de Dios hasta los confines del mundo, enseñando todo lo necesario para la salvación. Y es apostólica porque es misionera: como los apóstoles y en continuidad con ellos, ha sido enviada a preparar la venida del Señor, acompañando su palabra con los signos de la ternura y del poder de Dios.
Explicando el articulo del Credo que dice: “creo en la Iglesia católica y apostólica”, Francisco explicó: “La Iglesia, universal y misionera, cuenta con la asistencia del Espíritu Santo, que continuamente la hace salir de sí misma al encuentro de los hermanos y hablar las lenguas del mundo entero para comunicar a todos la alegría del Señor Resucitado.” 
El sucesor de Pedro afirmó que “como miembros de la Iglesia, también nosotros participamos de su misión: somos responsables de la salvación de todos los hombres, y, por tanto, no podemos permanecer indiferentes o ajenos a la suerte de nuestros hermanos; además, el Espíritu Santo también actúa en nosotros para que no nos cerremos en posiciones unilaterales y procuremos siempre el entendimiento, la armonía, la “sinfonía” en la vida cristiana”.
El Vicario de Cristo pidió para los peregrinos a la tumba de los apóstoles Pedro y Pablo, que el Señor “los ayude a anunciar a Cristo, que ama a todos los hombres”.
(Jesuita Guillermo Ortiz de RADIO VATICANA).

Texto completo de la catequesis del Papa en nuestro idioma:RealAudioMP3 Queridos hermanos:
En el Credo decimos que la Iglesia es católica y apostólica. Es católica porque es universal: tiene la misión de anunciar la Buena Noticia del amor de Dios hasta los confines del mundo, enseñando todo lo necesario para la salvación.
Y es apostólica porque es misionera: como los apóstoles y en continuidad con ellos, ha sido enviada a preparar la venida del Señor, acompañando su palabra con los signos de la ternura y del poder de Dios.
La Iglesia, universal y misionera, cuenta con la asistencia del Espíritu Santo, que continuamente la hace salir de sí misma al encuentro de los hermanos y hablar las lenguas del mundo entero para comunicar a todos la alegría del Señor Resucitado. 
Como miembros de la Iglesia, también nosotros participamos de su misión: somos responsables de la salvación de todos los hombres, y, por tanto, no podemos permanecer indiferentes o ajenos a la suerte de nuestros hermanos; además, el Espíritu Santo también actúa en nosotros para que no nos cerremos en posiciones unilaterales y procuremos siempre el entendimiento, la armonía, la “sinfonía” en la vida cristiana.
Saludo a los peregrinos de lengua española venidos de España, México, Panamá, Nicaragua, Argentina, Perú, Chile y otros países latinoamericanos. Pido al Señor que su visita a Roma, y en concreto a la tumba de los apóstoles Pedro y Pablo, los ayude a anunciar a Cristo, que ama a todos los hombres.


Texto completo de la catequesis del Papa
"La Iglesia católica y apostólica"
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Esta semana continuamos hablando sobre la Iglesia.
Cuando profesamos nuestra fe, nosotros afirmamos que la Iglesia es “católica” y “apostólica”. Pero, ¿cuál es efectivamente el significado de estas dos palabras, de estas dos conocidas características de la Iglesia? ¿Y qué valor tienen para las comunidades cristianas y para cada uno de nosotros?

1. Católica significa universal. Una definición completa y clara nos es ofrecida por uno de los Padres de la Iglesia, de los primeros siglos, San Cirilo de Jerusalén, cuando afirma: “la Iglesia sin duda es llamada católica, es decir, universal, por el hecho que está difundida por doquier, desde uno al otro confín de la tierra; y porque universalmente y sin defección enseña todas las verdades que deben llegar a conocimiento de los hombres, ya sea con respecto a las cosas celestes que a las terrestres. (Catequesis XVIII, 23). Un signo evidente de la catolicidad de la Iglesia es que ella habla todas las lenguas. Y esto no es otra cosa que el efecto del Pentecostés (cfr At 2, 1-13): es el Espíritu Santo, en efecto, que ha puesto en condiciones a los Apóstoles y a la Iglesia entera para que hagan resonar para todos, hasta los confines de la tierra, la Buena Noticia de la salvación y del amor de Dios. La Iglesia así nació católica, es decir, “sinfónica” desde los orígenes y no puede ser otra cosa que católica, proyectada hacia la evangelización y al encuentro con todos. La palabra de Dios hoy se lee en todas las lenguas: todos tienen el Evangelio en la propia lengua. Para leerlo. Y vuelvo a lo mismo: es siempre bueno llevar con nosotros un Evangelio chiquito, para llevarlo en el bolsillo, en la cartera. Y durante la jornada leer un fragmento. Esto nos hace bien. El Evangelio está difundido en todas las lenguas porque la Iglesia, el anuncio de Jesucristo Redentor está en todo el mundo. Y por esto se dice que la Iglesia es católica: porque es universal.

2. Si la Iglesia nació católica, quiere decir que nació “en salida”, que nació misionera. Si los apóstoles se hubieran quedado ahí en el cenáculo, sin salir a predicar el Evangelio, la Iglesia sería solamente la Iglesia de aquel pueblo, de aquella ciudad, de aquel cenáculo. Pero todos salieron por el mundo desde el momento del nacimiento de la Iglesia; desde el momento que vino el Espíritu Santo. Y por esto la Iglesia nació “en salida”, es decir, misionera. Es lo que expresamos calificándola apostólica. Porque el apóstol es el que lleva la Buena Nueva de la resurrección de Jesús. Este término nos recuerda que la Iglesia, sobre el fundamento de los Apóstoles está en continuidad con ellos. Son los apóstoles que fueron y fundaron nuevas iglesias, han consagrado nuevos obispos. Y así en todo el mundo, en continuidad. Hoy, todos nosotros estamos en continuidad con aquel grupo de apóstoles que ha recibido el Espíritu Santo y luego fue “en salida” a predicar. La Iglesia es enviada para llevar a todos los hombres este anuncio del Evangelio, acompañándolo con los signos de la ternura y del poder de Dios. También esto deriva del evento del Pentecostés: es el Espíritu Santo, en efecto, que supera toda resistencia, que vence la tentación de cerrase en sí mismos, entre pocos elegidos, y de considerarse los únicos destinatarios de la bendición de Dios. Imaginémonos si un grupo de cristianos hace esto: “nosotros somos los elegidos, sólo nosotros”… al final, mueren. Mueren primero en el alma, luego morirán en el cuerpo porque no tienen vida, no son capaces de generar vida a otra gente, a otros pueblos. No son apostólicos. Y es precisamente el Espíritu Santo que nos conduce al encuentro con los hermanos, también hacia aquellos más distantes en todo sentido, para que puedan compartir con nosotros el amor, la paz, la alegría que el Señor Resucitado nos ha dejado como don.

3. ¿Qué comporta para nuestras comunidades y para cada uno de nosotros, ser parte de una iglesia que es católica y apostólica? En primer lugar, significa llevar en el corazón la salvación de toda la humanidad, no sentirse indiferente o extraños con el destino de muchos de nuestros hermanos, sino abiertos y solidarios para con ellos. También significa tener el sentido de plenitud, de lo completo, de la armonía de la vida cristiana, rechazando siempre las posiciones parciales, unilaterales, que nos encierran en nosotros mismos. 

Ser parte de la Iglesia apostólica quiere decir ser consciente de que nuestra fe está anclada en el anuncio y en el testimonio de los mismos Apóstoles de Jesús. Está anclada allí, es una larga cadena que viene de allí; y por eso sentirse siempre enviados, sentirse mandados, en comunión con los sucesores de los Apóstoles, a anunciar, con el corazón lleno de alegría, a Cristo y su amor por toda la humanidad. Y aquí yo quisiera recordar la vida heroica de tantos, tantos misioneros y misioneras, que han dejado su patria para ir a anunciar el evangelio en otros países, en otros continentes. Me decía un cardenal brasilero que trabaja bastante en el Amazonas, que cuando él va a un lugar, a un pueblo del Amazonas, a una ciudad, va siempre al cementerio. Y allí ve las tumbas de estos misioneros, sacerdotes, hermanos, monjas, que han ido a predicar el Evangelio, apóstoles; y él piensa: todos ellos pueden ser canonizados ahora, han dejado todo para anunciar a Jesucristo. Demos gracias a Dios porque nuestra Iglesia tiene tantos misioneros, ha tenido tantos misioneros, y tiene necesidad de más aún, ¡agradezcamos al Señor por esto! Tal vez entre tantos jóvenes, chicos y chicas que están aquí, alguno tiene ganas de convertirse en misionero, ¡que vaya hacia adelante! ¡Es bello esto, llevar el Evangelio de Jesús! ¡Sean valientes!

Pidámosle entonces al Señor, que renueve en nosotros el don de su Espíritu, para que toda comunidad cristiana y todo bautizado sea expresión de la santa madre Iglesia católica y apostólica.

Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Griselda Mutual – Radio Vaticana

martes, 16 de septiembre de 2014

Lectio Divina: Miércoles,17 Septiembre, 2014: Evangelio según San Lucas 7,31-35. : (24ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)


Lectio Divina: 
  Miércoles, 17 Septiembre, 2014  
(24ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 7,31-35
«¿Con quién, compararé, pues, a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo:
`Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no habéis llorado.'
«Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: `Demonio tiene.' Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: `Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publícanos y pecadores.' Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.»
Palabra del Señor
3) Reflexión
• En el evangelio de hoy vemos como la novedad de la Buena Nueva fue avanzando de tal modo que las personas agarradas a las formas antiguas de la fe quedaban como perdidas sin entender nada de la acción de Dios. Para esconder su falta de apertura y de comprensión ellas se defendían y buscaban pretextos infantiles para justificar su actitud de no aceptación. Jesús reacciona con una parábola para denunciar la incoherencia de sus adversarios: “¡Os parecéis a niños que no saben lo que quieren!"
• Lucas 7,31: ¿Con quién compararé a los hombres de esta generación?Jesús le parece extraña la reacción de la gente y dice: "¿Con quién, compararé, pues, a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen?” Cuando una cosa es evidente y las personas, o por su ignorancia o por mala voluntad no quieren darse cuenta o no sen dan cuenta, es bueno encontrar comparaciones que hablan por sí solas.
• Lucas 7,32: Como niños, in fundamento. La comparación que Jesús encuentra es ésta: Vosotros os parecéis a “los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: "En el mundo entero hay niños mimados y que tienen la misma reacción. Reclaman cuando los otros no hacen y actúan como ellos quieren. El motivo de la queja de Jesús es la manera arbitraria con que, en el pasado, reaccionaron ante Juan el Bautista y, ahora en el presente, ante el mismo Jesús.
• Lucas 7,33-34: Su opinión sobre Juan y Jesús. “Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: `Demonio tiene.' Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: `Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Jesús fue discípulo de Juan Bautista, creían él y se hizo bautizar por él. Fue cuando el bautismo que él tuvo la revelación del Padre respecto de su misión como Mesías Siervo (Mc 1,10). Al mismo tiempo, Jesús resalta la diferencia entre él mismo y Juan. Juan era más severo, más ascético, ni comía, ni bebía. Quedaba en el desierto y amenazaba a la gente con los castigos del Juicio Final (Lc 3,7-9). Por esto decían que tenía un demonio, que estaba poseído. Jesús era más acogedor, comía y bebía como todo el mundo. Andaba por los poblados y entraba en la casa de la gente, acogía a las prostitutas y a los recaudadores de impuestos. Por eso decían que era comilón y que se emborrachaba. A pesar de generalizar al hablar de “los hombres de esta generación” (Lc 7,31), probablemente, Jesús tiene en mente la opinión de las autoridades religiosas que no creían en Jesús (Mc 11,29-33).
• Lucas 7,35: La conclusión obvia a la que Jesús llega. Y Jesús termina sacando la conclusión: “Y la sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos”. La falta de seriedad y de coherencia aparece claramente en la opinión que emiten sobre Jesús y Juan. La mala voluntad es tan evidente que no necesitaba de prueba. Esto hacer recordar la respuesta de Job a sus amigos que pretendían ser sabios: “¿Quién podría obligaros a guardar silencio? ¡Esto sería el único acto sabio de vosotros!” (Job 13,5).
4) Para la reflexión personal
• Cuando emito una opinión sobre los otros, ¿soy como los fariseos y los escribas que opinaban sobre Juan y Jesús? Ellos apenas expresaban sus ideas preconcebidas y nada informaban sobre las personas que eran juzgados por ellos.
• ¿Conoces a grupos en la Iglesia de hoy que merecerían la parábola de Jesús?
5) Oración final
¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahvé,
el pueblo que escogió para sí como heredad!
Yahvé observa de lo alto del celo,
ve a todos los seres humanos. (Sal 33,12-13)

Tweet 408 de Papa Francisco al Pueblo de Dios. Martes 17 de Septiembre 2014: El Señor siempre nos espera para acogernos con su amor: es algo estupendo, que nunca deja de sorprendernos.

Tweet 408 de Papa Francisco al Pueblo de Dios. 
Martes 17 de Septiembre 2014: 
El Señor siempre nos espera para acogernos con su amor: 
es algo estupendo, que nunca deja de sorprendernos.


Homilía de Papa Francisco en la Capilla de Casa de Santa Marta del Martes 16 de Septiembre 2014: Si no se está cerca de la gente y no se da esperanza, las prédicas son vanidad

(RV).- (Con audio) RealAudioMP3 Se pueden hacer bellas prédicas, pero si no se está cerca de las personas, si no se sufre con la gente y no se da esperanza, esas prédicas no sirven, son vanidad. Lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta, en el día en que la Iglesia recuerda a los Santos mártires Cornelio, Papa, y Cipriano, Obispo. 

El Evangelio del día habla de Jesús que se acerca a un cortejo fúnebre: una viuda de Naím ha perdido a su único hijo. El Señor realiza el milagro de devolver la vida al joven – recordó el Papa – pero hace más: está cerca. “Dios – dice la gente – ha visitado a su pueblo”. Cuando Dios visita “hay algo más, hay algo nuevo”, “quiere decir que su presencia está especialmente allí”. Jesús está cerca:

“Estaba cerca de la gente. Dios cercano que logra comprender el corazón de la gente, el corazón de su pueblo. Después ve el cortejo, y el Señor se acerca. Dios visita a su pueblo, en medio de su pueblo, y acercándose. Cercanía. Es la modalidad de Dios. Y después hay una expresión que se repite en la Biblia, tantas veces: ‘El Señor tuvo gran compasión’. La misma compasión que tenía, dice el Evangelio, cuando vio a tanta gente como ovejas sin pastor. Cuando Dios visita a su pueblo, está cerca de él, se acerca a él y siente compasión: se conmueve”.

“El Señor – prosiguió diciendo Francisco – se siente profundamente conmovido, como lo estuvo ante la tumba de Lázaro”. Como se conmovió aquel Padre “cuando vio volver a casa a su hijo” pródigo:

“Cercanía y compasión: así el Señor visita a su pueblo. Y cuando nosotros queremos anunciar el Evangelio, llevar adelante la Palabra de Jesús, éste es el camino. El otro camino es el de los maestros, el de los predicadores de aquel tiempo: los doctores de la ley, los escribas, los fariseos… Alejados del pueblo, hablaban… bien: hablaban bien. Enseñaban la ley, bien. Pero alejados. Y ésta no era una visita del Señor: era otra cosa. El pueblo no sentía esto como una gracia, porque faltaba la cercanía, faltaba la compasión, es decir, padecer con el pueblo”.

“Y hay otra palabra – subrayó el Papa – que es propia de cuando el Señor visita a su pueblo: ‘El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él – Jesús – se lo dio a su madre’”:

“Cuando Dios visita a su pueblo, devuelve la esperanza al pueblo. Siempre. Se puede predicar la Palabra de Dios brillantemente: en la historia hubo tantos buenos predicadores. Pero si estos predicadores no fueron capaces de sembrar esperanza, esa prédica no sirve. Es vanidad”.

Viendo a Jesús que devolvió el hijo vivo a su mamá – concluyó el Papa su homilía – “podemos entender lo que significa una visita de Dios a su pueblo. Y pedir como gracia que nuestro testimonio de cristianos sea portador de la visita de Dios a su pueblo, es decir, de la cercanía que siembra la esperanza”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

lunes, 15 de septiembre de 2014

Lectio Divina: Martes,16 Septiembre, 2014: Evangelio según San Lucas 7,11-17. : (24ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)


Lectio Divina: 
  Martes, 16 Septiembre, 2014 
(24ª Semana del Tiempo Ordinario - Ciclo A -)

1) Oración inicial
¡Oh Dios!, creador y dueño de todas las cosas, míranos; y, para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 7,11-17
A continuación se fue a una ciudad llamada Naín. Iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; la acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla, el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: «No llores.» Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: «Joven, a ti te digo: Levántate.» El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Y lo que se decía de él se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.
Palabra del Señor
3) Reflexión
• El evangelio de hoy narra el episodio de la resurrección del hijo de la viuda de Naím. Es esclarecedor el contexto literario de este episodio en el capítulo VII del Evangelio de Lucas. El evangelista quiere mostrar cómo Jesús va abriendo camino, revelando la novedad de Dios que avanza por medio del anuncio de la Buena Nueva. Se van dando la transformación y la apertura: Jesús acoge la petición de un extranjero no judío (Lc 7,1-10) y resucita al hijo de una viuda (Lc 7,11-17). La manera como Jesús revela el Reino sorprende a los hermanos que no estaban acostumbrados a tan gran apertura. Hasta Juan el Bautista se quedó como perdido y mandó preguntar: “¿Eres tú el señor o debemos esperar a otro?”(Lc 7,18-30). Jesús llegó a denunciar la incoherencia de sus anfitriones: "¡Sois como niños que no saben lo que quieren!" (Lc 7,31-35). Y al final, la apertura de Jesús para con las mujeres (Lc 7,36-50).
• Lucas 7,11-12: El encuentro de las dos procesiones. “A continuación se fue a una ciudad llamada Naín. Iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; la acompañaba mucha gente de la ciudad.”. Lucas es como un pintor. Con pocas palabras consigue pintar el cuadro tan bonito del encuentro de las dos procesiones: la procesión de la muerte que sale de la ciudad y acompaña a la viuda que lleva a su único hijo hacia el cementerio; la procesión de la vida que entra en la ciudad y acompaña a Jesús. Las dos se encuentran en la pequeña ciudad, junto a la puerta de la ciudad de Naín.
• Lucas 7,13: La compasión entra en acción. “Al verla el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: ¡No llores! Es la compasión que lleva a Jesús a hablar y a actuar. Compasión significa literalmente: “sufrir con”, asumir el dolor de la otra persona, identificarse con ella, sentir con ella el dolor. Es la compasión que acciona en Jesús el poder, el poder de la vida sobre la muerte, poder creador.
• Lucas 7,14-15: "¡Joven, a ti te digo, levántate!" Jesús se aproxima, toca el féretro y dice: "¡Joven, a ti te digo, levántate!" El muerto se incorporó y se puso a hablar. Y Jesús se lo dio a su madre”.
A veces en momentos de gran sufrimiento provocado por el fallecimiento de una persona querida, las personas dicen: “En aquel tiempo, cuando Jesús andaba por la tierra había esperanza de no perder a una persona querida, pues Jesús podría resucitarla”. Ellas miraban el episodio de la resurrección del hijo de la viuda de Naín como un evento del pasado que apenas suscita añoranza y una cierta envidia. La intención del evangelio, sin embargo, no es suscitar añoranza ni envidia, sino ayudar a experimentar mejor la presencia viva en media de nosotros. El está hoy con nosotros, y ante los problemas y el sufrimiento que nos azotan, nos dice: “¡Te lo ordeno: levántate!”
• Lucas 7,16-17: La repercusión. “Todos se quedaron con mucho miedo y glorificaban a Dios diciendo: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros, y Dios vino a visitar a su pueblo" Y lo que se decía de él se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina” Es el profeta que fue anunciado por Moisés (Deut 18,15). El Dios que nos vino a visitar es el “Padre de los huérfanos y de las viudas” (Sal 68,6; Cf. Judit 9,11).
4) Para la reflexión personal
• Fue la compasión lo que llevó a Jesús a resucitar el hijo de la viuda. El sufrimiento de los demás ¿Produce en nosotros la misma compasión? ¿Qué hago para ayudar al otro a vencer el dolor y crear vida nueva?
• Dios visitó a su pueblo. ¿Percibo las muchas visitas de Dios en mi vida y en la vida de la gente?
5) Oración final
Servid a Yahvé con alegría,
llegaos a él con júbilo!
Sabed que Yahvé es Dios,
él nos ha hecho y suyos somos,
su pueblo y el rebaño de sus pastos. (Sal 100,2-3)

Homilía de Papa Francisco en la Capilla de Casa de Santa Marta del Lunes 15 de Septiembre 2014: Sin la Madre Iglesia no podemos ir adelante

(RV).- (Con audio) RealAudioMP3 Así como sin María no habría existido Jesús, del mismo modo “sin la Iglesia no podemos ir adelante”. Lo dijo el Papa al presidir la Misa matutina en la Capilla de la Casa de Santa Marta en la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen Dolorosa:

La Liturgia – afirmó Francisco – después de habernos mostrado la Cruz gloriosa, nos hace ver a la Madre humilde y mansa. En la Carta a los hebreos “Pablo subraya tres palabras fuertes”, cuando dice que Jesús “aprendió, obedeció y padeció”. “Es lo contrario de lo que había sucedido a nuestro padre Adán, que no quiso aprender lo que el Señor mandaba, que no quiso padecer ni obedecer”. Jesús, en cambio, aun siendo Dios, “se despojó, se humilló a sí mismo haciéndose siervo. Ésta es la gloria de la Cruz de Jesús”:

“Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre, y siendo hombre, caminar con los hombres. Vino al mundo para obedecer, y obedeció. Pero esta obediencia la aprendió del sufrimiento. Adán salió del Paraíso con una promesa, la promesa que iba adelante durante tantos siglos. Hoy, con esta obediencia, con este aniquilarse a sí mismo, humillarse, de Jesús, esa promesa devuelve esperanza. Y el pueblo de Dios camina con esperanza cierta. También la Madre, ‘la nueva Eva’, como la llama el mismo Pablo, participa en este camino del Hijo: aprendió, sufrió y obedeció. Y se convierte en Madre”.
El Evangelio nos muestra a María a los pies de la Cruz. Jesús dice a Juan: “He aquí tu madre”. María – afirmó el Papa – “es ungida Madre”:

“Y esta es también nuestra esperanza. Nosotros no somos huérfanos, tenemos Madres: la Madre María. Pero también la Iglesia es Madre y también la Iglesia es ungida Madre cuando recorre el mismo camino de Jesús y de María: el camino de la obediencia, el camino del sufrimiento; y cuando tiene esa actitud de aprender continuamente el camino del Señor. Estas dos mujeres – María y la Iglesia – llevan adelante la esperanza que es Cristo, nos dan a Cristo, generan a Cristo en nosotros. Sin María, no habría existido Jesucristo; sin la Iglesia no podemos ir adelante”.
“Dos mujeres y dos Madres” – prosiguió explicando el Papa Francisco – y junto a ellas nuestra alma, que como decía el monje Isaac, abad de Stella, “es femenina” y se asemeja “a María y a la Iglesia”:

“Hoy, viendo a esta mujer ante la Cruz, firme en seguir a su Hijo en el sufrimiento para aprender la obediencia, al verla vemos a la Iglesia y vemos a nuestra Madre. Y también vemos nuestra pequeña alma que no se perderá jamás, si sigue siendo también una mujer cercana a estas dos grandes mujeres que nos acompañan en la vida: María y la Iglesia. Y así como nuestros Padres del Paraíso salieron con una promesa, hoy nosotros podemos ir adelante con una esperanza: la esperanza que nos da nuestra Madre María, firme ante la Cruz, y nuestra Santa Madre Iglesia jerárquica”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).